Dio un par de vueltas en la cama, no le apetecía ir a clase y mucho menos salir de la cama, pero aparte de eso sentía una extraña sensación de peligro que la molestaba. Finalmente se levantó y fue a desayunar y prepararse. Mientras acababa de cepillarse el pelo se miró al espejo. Realmente había crecido este último año, era más alta, tenía el pelo castaño claro y largo, hasta la cintura, el cual se lo recogió en una coleta alta. El resto de sus fracciones se habían hecho más finas, su pecho y su cintura habían crecido también, dándola ciertas curvas, lo cual la hizo pensar si realmente ella era guapa.
Recogió sus cosas y salió de casa mirando la hora. Eran las 10:50 y eso significaba que tendría que correr si no quería llegar tarde. Empezó a correr hasta que llego a un paso de cebra que estaba en rojo para los peatones, aun así ella no lo vio y cruzo.
Vio un coche aproximarse a toda velocidad, pero era demasiado tarde, el coche la atropellaría, cerró los ojos con fuerza, esperando el impacto, pero este nunca llego a ocurrir.
Cuando abrió los ojos se encontraba volando en un espacio donde solo había color negro, mirara donde mirara, se moviese hacia donde se moviese, solo había oscuridad.
Empezó a tener miedo preguntándose si habría muerto. Evidentemente ella no se sentía muerta, pero claro está, no sabía cómo te sientes cuando mueres. Siguió moviéndose intentando buscar algo entre tanta oscuridad, busco y busco, pero parecieron pasar horas sin que ella encontrase algo.
Empezaba a cansarse de estar allí sin encontrar nada, pensó que si de verdad estaba muerta, este sitio desde luego no era un paraíso. Se quedó quieta reposando, cerró los ojos y sin saber muy bien cómo se quedó dormida.
Al despertarse, abrió los ojos y miro a su alrededor. La luz la molesto como si hubiese estado horas en la oscuridad, aunque ella no recordaba nada así.
Estaba tumbada en la hierba de un pequeño valle, cerca de un bosque muy frondoso y un camino de tierra al otro lado.
Cerca de ella había un joven muy apuesto, tendría más o menos su edad. Sus ojos eran de un color verde muy intenso y su cabello, de color castaño, que le llegaba por encima de los hombros. Vestía una camisa ancha y unos pantalones de color castaño y llevaba sujeta una espada a la espalda que era casi tan grande como el de alto.
La estaba mirando fijamente hasta que finalmente hablo:
-¿Te encuentras bien? Te he encontrado aquí tirada e inconsciente y pensé que te habría pasado algo malo.
-Sí, estoy algo mareada y confundida, pero creo que estoy bien.
-Me alegro.-Sonrió.- Me llamo David.
-Yo…Selenie.
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